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“Evolucionó el universo, incluso el hombre, mediante fuerza atómica?”

Craig L. Ghislin, C.S., Glen Ellyn (Bartlett), IL
Posted Monday, June 15th, 2015

“Evolucionó el universo, incluso el hombre, mediante fuerza atómica?”
Junio 15—21, 2015
Por Craig L. Ghislin, C.S.
Glen Ellyn, Illinois (Bartlett)
craig.ghislincs@icloud.com / (630) 830-8683
Traducido por Odectte A. Rodríguez
¿Qué trajo el universo a la existencia? ¿Ocurrió espontáneamente en un Big Bang? ¿Qué lo mantiene en operación? ¿Colapsará eventualmente en sí mismo? Estas preguntas continúan motivando a la religión y a la física. Los humanos tienen el anhelo incontenible de conocer cómo funcionan las cosas, y entonces esmerarse en usar ese conocimiento para ejercer control y lograr resultados positivos. No debería sorprender que hace más de un siglo, el más profundo pensador espiritual desde los tiempos de Jesucristo, planteó la pregunta de la fuerza atómica como un tema de la Lección Sermón para ser frecuentado por su iglesia dos veces al año a todo lo largo del tiempo.
Confieso saber muy poco acerca de la física, pero por lo que puedo percibir, la fuerza es una influencia ejercida sobre un cuerpo u objeto por otro. Los ejemplos más comunes de fuerza son la gravedad, la fricción, y el magnetismo. Desde el principio, la cuestión acerca de la fuerza da a entender dualidad – una cosa actuando sobre otra. En el Viejo Testamento de la versión King James de la Biblia hay una amplia variedad de palabras hebreas que han sido traducidas como la palabra fuerza y la mayor parte de las acepciones para fuerza tienen connotaciones negativas, dando a entender conflicto, resistencia, y violencia. A menudo una elección alternativa para la palabra traducida como fuerza es poder. Pero el poder tiene un sentido diferente. Ambos, poder y fuerza son usados en las definiciones del otro, pero el poder desde un punto de vista de la física, es la rapidez con la cual el trabajo se hace. En el uso Bíblico, el poder es la habilidad para hacer las cosas. Adicionalmente diremos, que no hay dos poderes, sino sólo uno –y ese es Dios.
En el Texto áureo, Dios está establecido como el Todopoderoso y el único poder a todo lo largo del tiempo y la eternidad, el “que eras y que eres y que has de venir.” Con el descubrimiento de la física algunos podrían tratar de relegar el poder de Dios para el pasado, o incluso para el área de la fantasía. El Revelador vio el poder de Dios como trascendiendo el tiempo y el espacio. Aquellos que tienen conciencia de Dios ahora, tengan completa fe de que él siempre fue, y siempre será. El teólogo Albert Barnes (1798–1870) escribe: “El hecho de que Dios permanece siempre inmutable, lo mismo es la razón exclusiva de por qué Su iglesia es segura, o por qué cualquier miembro personal de ella es preservado y salvado.”
La Lectura alternada comienza con una declaración clara afirmando la existencia de Dios y Su omnipotencia. Él no tiene comienzo ni fin, por consiguiente, Él existe por sí mismo – derivativo de nada más – y la fuente de todo lo que ha sido hecho. Estos versos de Jeremías estaban dirigidos a refutar las creencias paganas y las supersticiones religiosas de su época. Esas creencias antiguas fueron tan reales para el pagano, como las teorías modernas de la creación del universo físico lo son para los físicos de la partícula.
En una explicación de los versos de Jeremías, Juan Calvino (1509–1564) da un argumento muy largo, a pesar de ser elocuente, igualando la posición de Jeremías, al ir sistemáticamente desmantelando la ciencia y la filosofía de su tiempo. Aunque Calvino estuviera alegando razones contra algunas teorías científicas que para nosotros parecerían absurdas, su razonamiento se fundamenta en la garantía de que Dios es ciertamente el único poder causativo del universo. Él dice, incluso un ciego, eventualmente puede encontrar la salida de un cuarto al tacto, y ni más ni menos, los teóricos físicos, los ciegos para Dios, deben reconocer Su supremacía y su existencia porque, como el profeta ha declarado, Dios es verdad y vida. Calvino concluye su argumento, “indudablemente hay vida en nosotros, y como tenemos vida, tenemos una prueba de la divinidad; ¿porque quién es tan falto de razón como para decir que él vive a través de sí mismo?” Quizá Calvino también estaba refutando a los ateos antiguos. Según el último Diccionario de Webster el término “ateísmo” fue acuñado en 1546. Los puntos de vista ateos de la creación todavía se refieren a la creencia de que el Big Bang no requirió causa primera, y por consiguiente, Dios es innecesario e irrelevante. Debería ser anotado que la Ciencia Cristiana enseña que Dios no es la causa de la materia y de hecho, no tiene nada que ver con ella. La materia es un producto de la creencia mortal y no de Dios. La creación de Dios es espiritual.
Los versos de los Salmos hacen un paralelo con los de Jeremías, pero se extienden hasta la continuidad de la creación. La creación, por su mera existencia, nos señala con naturalidad hacia la alabanza del Creador, y asegura que todo es desarrollado y continuamente mantenido por ese mismo poder. Otra vez Calvino argumenta, “sería absurdo suponer, que los cielos, habiendo sido una vez creados por Dios, ahora deberían dar vueltas por casualidad, y que las cosas deberían también entrar en confusión en la tierra por la voluntad de los hombres, o por el azar, cuando es considerado que es de la incumbencia de Dios el mantener y gobernar cualquier cosa que él ha creado.”
Sección 1: Todo el poder pertenece a Dios
Comenzamos la primera sección con una afirmación del poder supremo de Dios (B1). Cabe sólo que confesemos este poder y lo alabemos a Él. No debemos mantener en privado este reconocimiento, sino debemos declararlo atrevidamente a todos los hombres. El Dios de Israel no es visto como siendo exclusivo para una localidad. Él hizo y gobierna todo, y prepondera sobre cada poder imaginario que los hombres pudieran inventar. La Biblia nos dice “todos los dioses de los pueblos son ídolos” (B2).
Según la Concordancia Strong Exhaustiva de la Biblia, la palabra “ídolos” significa “bueno para nada.” Isaías representa a Dios siempre listo, capaz, y dispuesto a responsabilizarse por cada necesidad. Hay cierto debate sobre si la frase, “mandadme acerca de mis hijos, y acerca de la obra de mis manos” (B3) debería ser una pregunta o una declaración. Algunos lo plantean como si Dios incrédulamente le preguntara a la gente, ¿“usted tiene el descaro de preguntarme qué yo hago y darme ordenes?” Mientras otros, como en la versión King James de la Biblia, hacen una declaración de Dios mostrando Su omnipotencia, e invitando a la gente a utilizar Su poder. Isaías continúa con otra afirmación de que Dios es la única autoridad y es el único responsable de todo lo que ocurre en Su universo.
Referente a la cita B4, el metodista Joseph Benson (1749–1821) señala que la palabra “mente” no está en la versión hebrea de Job. Benson explica que el verso significa, “Él es en uno, a saber, en una forma, o un propósito, o un consejo.” Nada ejerce influencia sobre Dios de ninguna manera. Cualquier cosa que se haga es solo porque Dios lo ordena.
Con la intención de contestar la pregunta planteada en el tema de la Lección, nuestro libro de texto manifiesta explícitamente, “Dios crea y gobierna el universo, incluyendo al hombre” (S1). En acuerdo total con las Sagradas Escrituras, Mrs. Eddy proclama la integridad y la singularidad de Dios. Conocer a Dios como “Todo‑en‑todo” es el “punto de partida de Ciencia divina” (S2). Como es de notar en discusiones previas de las Lecciones que “Todo-en-todo” no quiere decir que Dios está en todo. “Todo‑en‑todo” es una frase significando “todas las cosas para una persona, o todo lo deseado” (Diccionario de Referencia del Estudiante). Las teorías científicas modernas generalmente omiten a Dios de las discusiones causativas, o si aceptan a Dios del todo, dicen que Dios hizo las leyes de la física que gobiernan la evolución de la creación. En la Ciencia Cristiana la materia y las leyes materiales están fuera del cuadro. La creación de Dios no comienza con un Big Bang y la combinación de elementos. La creación de Dios es un desarrollo de pensamientos (S3). La mera premisa de un universo material no congenia con la creación tal como se sobreentiende en la Ciencia Cristiana. Como los ídolos de los pueblos son “buenos para nada“, así es que las teorías materiales son inadecuadas para explicar la verdad de la creación, y son de hecho perjudicial para comprender el universo según fue creado por Dios (S4, S5). La Señora Eddy asevera que estas teorías no pueden mantener su posición en presencia de la ley espiritual, y son destruidas por ella. Ella esquiva completamente cualquier noción de evolución material, y presenta la creación como una “comunicación de la Mente divina” (S6).
Sección 2: Una familia unificada
Las personas que tienen una relación con Dios a veces tienden a pensar que su grupo particular o su nación son especiales, o escogidas. Tradicionalmente se ha creído que estos versos de Isaías (B5, B6) tratan acerca de distinguir a los Hijos de Israel que han sido dispersados en tierras extrañas. Algunos han sentido que se refieren a todos los creyentes, y otros piensan que hacen alusión a aquellos que son preordinados para ser salvados. En el contexto de esta Lección, el profeta está ocupándose de toda la creación.
Humanamente, un gran énfasis es colocado en linajes, ascendencias, y genética. ¿Tiene Dios hijos favoritos? No si Dios es universal. Hay muchos lugares agitados en el mundo hoy y parece que ciertos grupos amenazan a otros. ¿Salva Dios a un grupo de otro? ¿Cómo seremos redimidos? ¿Y de qué necesitamos ser redimidos? ¿No necesitamos todos nosotros ser redimidos de la creencia de nacionalismo, herencia, extremismo, y enemistades mortales entre clanes? El miedo es la causa de muchos conflictos. Incluso aquellos queriendo imponer su estilo de vida y su religión en otros tienen el temor, hasta cierto punto, de que su modo de hacer las cosas esté bajo ataque. Así es que reparten golpes en un ataque preventivo. Isaías apremia a todos nosotros a no temer. Cada uno de nosotros somos honorables y preciosos a la vista Suya.
Dios llama a cada hombre y mujer en cada nación, a juntarse y tomar parte en Su alabanza. Todos nosotros somos llamados por Su nombre, y los medios y arbitrios de los hombres perecen en presencia del Amor divino. El paradigma humano está cabeza abajo. Dios hizo al hombre, y nos hizo espirituales.
Tomemos esto un paso más allá, además de la redención de creencias de nacionalismo, y ascendencias, está la gran necesidad para todo el género humano de liberarse de la creencia que el hombre es el producto de millones de años de evolución. Necesitamos ver que el cuadro humano entero es una teoría falaz basada en la creencia de materia inteligente. Prosperaríamos para ponernos al lado de la declaración de Elihu “El espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida” (B7).
Nuestro libro de texto pone las cosas al derecho. El universo del Espíritu está poblado de seres espirituales, y su gobierno es la Ciencia divina (S7). No somos un montón de clanes en guerra, egoístas, o unos montones de individuos luchando por selección natural. Somos vástago inteligente, saludable, cooperativo, pacífico de la Mente infinita. Nadie queda excluido de la familia de Dios. Cada individuo debe cumplir sólo con la dirección de Dios (S8). Las ideas inteligentes, vivas, veraces, y cariñosas vienen de lo única Fuente espiritual verdadera. Las nociones malas, empalagosas, odiosas, y pecaminosas no tienen causa del todo, y no pueden interferir con el hombre verdadero. Es imposible que el hombre pueda originarse de dos premisas y (S9) poderes opositores. Como nuestra Líder escribe, ambos contrarios no pueden ser reales. “Si una es real, la otra debe ser irreal” (S10). Tenemos que darnos cuenta de que hay sólo un poder en operación.
No fue asunto de poca importancia que Mary Baker Eddy se detuviera en el Darvinismo. Fue la teoría vanguardista de su día. Conmovió a la cristiandad tradicional en su corazón, y empezó un debate que aún continúa. Pero la siempre dispuesta Mrs. Eddy explica que la teoría de Darwin y la Ciencia Cristiana están en marcha desde dos puntos de vista claramente opuestos. La Ciencia Cristiana explica que la Mente, Dios, nunca creó la materia ni entra en ella (S11). La teoría evolucionista no afecta en lo absoluto el desarrollo del hombre, porque el hombre nunca nació en la materia ni comenzó en ella. “La teoría verdadera del universo, incluyendo el hombre, no está en la historia material, sino en el desarrollo espiritual” (S12). La explicación espiritual e inmortal del hombre elimina todas las teorías de ascendencias y orígenes humanos, incluyendo la evolución y la genética.
Sección 3: Todas las cosas son posibles para Dios
No hay nada fuera de la ley de Dios. De cualquier forma que se atrincheraran las así llamadas leyes de la materia, la Ley de Dios triunfa sobre todas ellas (B8). Quizá Ezequías recibió las noticias de su defunción inminente de forma similar a como uno lo haría si un médico le declarara a su paciente que le quedan sólo varias semanas para vivir. Parece ser un edicto de ley inalterable. ¿Pero quién hace las leyes para los hombres? Dios es el único legislador. La ley de Dios es 100% consistente: Él “no afligirá” (B9).
Al oír las palabras de advertencia del profeta, Ezequías recurre a Dios y abre su corazón (B10). Él claramente tuvo cierto tipo de epifanía, pues el profeta regresa a decirle que sus oraciones fueron eficaces y que él estaría curado. Ezequías apenas lo puede creer, así es que él pide una señal. Cuando se le da la opción, él escoge algo que parece imposible de cumplir– que la sombra en el reloj de sol vaya diez grados hacia atrás. Extrañamente, los comentaristas gastan un montón de tiempo y tinta intentando sacar en claro que es lo que realmente ocurrió. Pero los pormenores no son el punto. El punto es que Dios lo gobierna todo, y todas las cosas son posibles para Dios.
Hasta lo que parece humanamente o físicamente imposible es posible para Dios, porque la realidad de Su ley anula la descripción material. Si dejamos a la evidencia material dictar la habilidad de Dios para curarnos, pensaríamos que Dios está completamente subordinado a las leyes de la física y la salud. Pero la Ciencia Cristiana se refiere únicamente al gobierno infalible de Dios (S13). Incluso los “soles y los planetas” están sujetos al Principio divino (S14). Como nota aparte, pienso que es interesante que Mrs. Eddy use el plural “los soles.”
Ella estaba muy adelantada para su tiempo en todos los aspectos. La de Ezequías es una de las tantas historias bíblicas que incluyen acontecimientos espectaculares, inexplicables por convenciones humanas. Un “milagro” es definido como “un acontecimiento o un efecto en contra del curso y constitución establecida de cosas, o una desviación de las leyes de la naturaleza” (SRD- Diccionario de Referencia del Estudiante). Nuestra Líder encontró tales acontecimientos no en contra de, sino de conformidad con las leyes y el orden (S15) de Dios.
Puesto que las posiciones de los planetas no tienen poder sobre el hombre (S16), tampoco la enfermedad es una inteligencia que puede hacer leyes para el hombre (S17). A veces hablamos de la enfermedad como si fuera una inteligencia en y de sí misma, que anda tras nosotros, o que tiene una vendetta personal en contra de nosotros. Pero la enfermedad no es inteligente del todo. No es una entidad, una cosa, o una mente. Es simplemente un nombre dado para clasificar en categorías una observación material. Es el resultado de una mentira. Dios nunca le dio poder, y no estamos bajo ninguna obligación para creerle o aceptarla. Dios y el hombre son inseparables, y tienen una relación indestructible (S18). El hombre nunca deja la armonía, ni es conducido de regreso a ella. Él está sujeto por siempre en la salud y la armonía perfecta según la ley invariable de Dios. Eso es todo lo que alguna vez fue, y todo lo que alguna vez será.
Sección 4: Poder moral
Los comentaristas de la Biblia se apresuran en señalar que Jesús comenzó su ministerio después de regresar victoriosamente de su lucha en el desierto. Su experiencia había fortalecido su determinación, y había probado su autoridad espiritual. Él fue lleno así, del poder del Espíritu y listo para su misión (B11).
En la curación de la parálisis (B12), Jesús estaba listo a probar su dominio sobre la enfermedad y el pecado, ocupándose de las necesidades del hombre física y moralmente. Adam Clarke (1760–1832) escribe de esta curación, “la maldad moral ha sido la causa de toda la maldad natural en el mundo. Cristo va a la fuente del mal, que es el pecado.” Clarke también señala esto, “era una máxima entre los judíos que ninguna persona enferma podía ser curada hasta que todos sus pecados fueran echados fuera.” Tal punto de vista podría tener el efecto no intencionado de hacernos creer que cada vez que estamos enfermos, estamos siendo castigados por algo. Pero eso no es necesariamente cierto. La enfermedad no es a menudo nada más que un ataque patente contra el gobierno de Dios. Clarke sin embargo, tiene un punto válido cuando él escribe, “puede observarse, también, que la mayor parte de las personas son más celosas acerca de sus almas al estar en la enfermedad que en la salud, y por consiguiente son más fervorosa en la oración para la salvación.” En este caso particular del hombre paralítico, la mayoría de los comentaristas sienten eso, a pesar de la creencia de los judíos de que el pecado y la enfermedad estaban siempre conectados, el hombre debe haber necesitado alguna regeneración moral o Jesús no habría empezado por ocuparse de sus pecados. La compra ventajosa para nosotros es que ni el pecado ni la enfermedad tienen lugar alguno en el universo de Dios. Otra vez sacando citas de Clarke: “…Pues Dios busca a fondo y condena todo lo que no emana de Él, y o conduce a Sí mismo.”
Jesús preguntó que era más fácil de decir, “tus pecados te son perdonados.” O decir, “Levántate y anda.” Ambas opciones fueron igualmente comprobables para Jesús, pues él supo que el hombre de Dios no era ni enfermo ni pecaminoso (S19, S20). La acción del Principio divino ahuyenta ambos, pecado y enfermedad tan seguramente como la luz elimina la oscuridad, porque la enfermedad y el pecado no son una presencia, sino una ausencia hipotética de salud y rectitud, tal como la oscuridad no es nada más que una ausencia de luz (S21).
En la Ciencia Cristiana afirmamos el dominio sobre ambos, el pecado y la enfermedad como Jesús lo hizo. Se sabe que una así llamada enfermedad nunca es física – es siempre una sugestión mental. Al orar, estamos sosteniendo la perfección del hombre de Dios, y como nos percatamos que no hay validez para los males físicos, también vemos que el hombre es inmaculado, puro, y derecho. Esto beneficia al paciente en todos los aspectos (S22). Comprender la idea verdadera del hombre, y que él es gobernado sólo por el Principio divino, rompe el hechizo de pecado y enfermedad (S23).
Sección 5: Nada hay más allá del control de Dios
El poder de la oración – de ver las cosas como Dios las ve – estando aplicado tanto a la enfermedad como al pecado es razonable para la mayor parte de nosotros, porque la mayor parte de nosotros está de acuerdo en que tenemos cierto grado de control sobre nuestra propia manera de pensar; Pero, ¿de qué se tratan los retos que parecen más allá de nuestro control? ¿De qué se tratan los retos medioambientales, geológicos, o meteorológicos? Tenemos que recordar que no es nuestro control lo que marca la diferencia, sino el reconocimiento del control de Dios. Dios, como el Creador de toda realidad nunca renuncia al control de Su Propia idea. Consecuentemente, no hay nada más allá de la ley invariable de Dios (B13, B14). Los israelitas experimentaron ese gobierno divino muchas veces, incluyendo la apertura del Mar Rojo, y el dominio de los elementos durante el enfrentamiento de Elías con Ahab y Jezabel.
Jesús estaba absolutamente seguro del poder supremo de Dios. Según comentaristas de la Biblia, la tempestad que se levantó cuando Jesús y sus discípulos estaban en el mar, fue una tormenta violenta repentina con vientos formando remolinos de arriba abajo (B16). Habían visto que los chillidos repentinos surgen y casi se ven como si una fotografía instantánea estuviera ocurriendo delante de sus ojos. Los discípulos están comprensiblemente preocupados, y temen por sus vidas. Jesús sin embargo, no estaba preocupado del todo.
Encuentro extraño al investigar esta historia, que varios comentaristas creen en cierta forma que Jesús, simultáneamente creó y disipó la tormenta para examinar la fe de los discípulos. Esta vista es debida a la creencia incorrecta de que Jesús fue Dios en carne y hueso. Tal vista pierde el punto de que las tormentas no son parte del plan de Dios del todo. Por eso es que Jesús los reprendió. La creencia de catástrofe aleatoria, inesperada ocurriendo como el resultado de fuerzas físicas pretende hacer de la materia su propio legislador. Jesús supo que solo Dios gobierna todas las condiciones, incluyendo las atmosféricas. Ha habido varias historias de Mary Baker Eddy que también dispersó tormentas a través de la comprensión de la justicia de Dios.
Como nuestro libro de texto manifiesta: “En la Ciencia divina, las supuestas leyes de la materia ceden ante la ley de la Mente” (S24). He notado recientemente que Mrs. Eddy iguala la “mente mortal” a todo lo que se oponga a Dios. En esta Lección ella escribe, “La fuerza física y la mente mortal son uno” En otra Lección reciente ella igualó el magnetismo animal como el “término específico para el error, o la mente mortal” (C y S 103:18-19); y en algún otro sitio ella escribe, “El cuerpo material, al que llamáis yo, es mente mortal” (C y S 416:16 sólo). A todo lo largo de sus escritos, el error básico es la mente mortal. Esta mente cree que la materia se crea y se gobierna a sí misma, o que Dios hizo la materia – ambos postulados son falsos, porque la materia nunca fue hecha.
Jesús fue alertado sobre lo que pareció ser una situación caótica, peligrosa, pero él no permitió al pequeño remolino de viento y al miedo a su alrededor que lo derribaran. Él se mantuvo en paz perfecta y con una palabra, calmó el mar. Esa palabra fue verdaderamente el Logos o Palabra de Dios, que puso todas las cosas dentro del ser. Los logos son el pensamiento y la expresión del pensamiento. La Palabra de Dios es Su ley, y tiene supremacía absoluta. La Ciencia Cristiana (Christian Science) declara esa misma ley (S25). Es la misma ley que Jesús puso aplicó a cada condición adversa que él afrontó. Las leyes de la física no gobiernan la tierra y el universo. Cada así llamada ley debe dejarse vencer por la Ley de Dios. La Ciencia Cristiana es la práctica de esa ley (S26, S27). Tal como Jesús se mantuvo ecuánime ante el tumulto que le rodeaba, así es que la Ciencia Cristiana permanece imperturbada ante los cuadros materiales, y continúa manteniendo el gobierno de Dios (S28).
Sección 6: Dios reina de forma suprema en Su propio Reino
El Texto áureo comenzó con un reconocimiento del gran poder de Dios. Terminamos con tres expresiones de alabanza desde períodos diferentes de la historia. Las hebras comunes son la magnificencia sin paralelo de Dios, y la supremacía absoluta sobre todo lo que Él ha creado. El salmista señala que la obra de Dios no es ordinaria, sino maravillosa (B17); el cronista proclama que Él es grande, poderoso, glorioso, victorioso, y majestuoso (B18); Y Pablo alaba Su naturaleza eterna, inmortal, invisible, y ensalza Su sabiduría. Dios es el gobernante incontestable de Su creación.
El reino de este Gobernante Supremo es el Reino de los Cielos (S29). En este reino divino, nada existe para oponerse o contradecir ley divina. Es completamente de un solo lado (singular). Nuestra Líder sostiene firmemente que el Reino de los cielos es todo lo que realmente hay. El espíritu y su opuesto, la materia, nunca pueden coexistir, incluso por temporalmente. Cada teoría que intenta unir a estos opuestos es mitológica (S30). Como tenemos por entendido que Dios es la única Mente y controla todo enteramente, todas las creencias materiales desaparecerán.
Ciencia y Salud declara, “La Mente perfecta e infinita entronizada es el cielo” (S31). La fuerza atómica no tiene nada que ver con la creación de Dios. “Evolucionar” quiere decir “desdoblar, abrir, o expandir.” No hay fuerzas en el Reino de los cielos que puedan demorar, contradecir, o hacer regresar el desarrollo eterno de la creación espiritual de Dios. La relación del hombre con Dios es firme porque el poder de Dios es ahora, siempre fue, y siempre será.

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